sábado, 22 de enero de 2011

Aplasta Caparazones [Completo]




Aplasta Caparazones.


1.



Era en esa tarde del lunes cuando la pequeña María pisó un caracol que ella ningún daño le quería y deseaba. Así que con miedo y pena le lloró a la criatura durante un buen rato, sabiendo que a sus familiares –los del pobre caracol- pena les daría. Y su madre y familia consolarla era lo que querían hacer, pues simplemente era un caracol, y sin deseos ni malas artes daño quiso hacerle a la pobre babosa. Y lo consiguieron después de mucho tiempo... Pero de nada sabían que tal caracol del bosque mágico era, allá, al este, al norte, al sur y al oeste, pasando los ríos, lagos y arroyos, donde el Gran Árbol vigilaba a sus hijos, el resto de árboles y plantas, donde las hadas vivían, las musas bailaban escapándose de sus carcelarios “inspiradores” y donde el Viejo del Bosque, mago del lugar, habitaba... donde el Gran Árbol ocultaba a su creador, protector de los bosques, destructor de la vida: el Ogro Orgathur. Y la verdad, la niñita y su familia aún menos sabían que algo extraordinario en esa semana les iba a ocurrir.


Esa misma noche, Susana, madre de la pequeña, ya en su cama se encontraba bien tapada con sábanas y mantas. La noche era fría pero no tanta como para encender calefactores. Allí en su casa, un confortable apartamento pequeño, con algo de años, pero nada viejo, al menos no del todo, en aquella ciudad donde… vaya por Dios, me he tenido que olvidar. Bueno, pues si en algún momento lo recuerdo lo diré, pero no sé si será algo que realmente haré –el recordar digo-.

-¡MAMÁ! ¡MAMÁ! –gritó la pequeña María dando grandes tirones en la manga del pijama que por encima de sus mantas la madre tenía.

-¿Qué pasa mi pequeña? ¿Otra vez tienes pipí? Ya sabes, ve al baño… -dijo señalando a un lado y a otro, como si más dormida que despierta supiera a donde la iba a llevar-, y si eso luego yo te tapo… ¿Vale?

-Jo… mamá, que no es eso. Que han venido… -decía algo desesperada, entre balbuceos la pequeña.

-¿Quiénes han venido? –dijo incorporándose un poco al fin-… ¿Has soñado otra vez con los Monstruos? Ya te he dicho que los monstruos no son malos como dicen las historias…

-Menuda madre más idiota y estúpida –dijo una voz chirriante y algo espantosa… aunque algo bajito de volumen-… ¡QUE NO EXISTEN LOS MONSTRUOS DICE! Cuando te persiga un maldito trasgo o una puta estrige… o peor, un Hombre del Saco… ya, ya nos dirás.

-¿Pero quién habla? ¡MARÍA! ¿Qué te dije de abrir la puerta a desconocidos?

-Sin duda tu hija muchas culpas ha de resarcir, pero entre esas ninguna es abrirnos la puerta –dijo otra voz, más ronca, pero también en cierto volumen algo bajo… justo en la mesita de noche de Susana.

-¡¡¿Pero qué es esto?!! –dijo con los ojos como platos la madre de la niña, que junto a eso la cogió a ella en volandas mientras pálida se ponía.

Y justo ahí, en su mesita, una docena de caracoles había. La madre, el padre, el abuelo por parte de padre, la abuela por parte de madre –los otros dos que faltan se fugaron hace años a unas islas paradisíacas y pena que allí el caracol fuera un gran manjar-, el resto eran hermanos y hermanas del fallecido y algún tío o tía. Si bien todos eran iguales, a simple vista era difícil de distinguirles. Así, viendo la sorpresa de Susana, la madre caracol le contestó.

-Estamos aquí para que tu hija, la Asesina de Caracoles, la Aplasta Caparazones… sea condenada por las leyes del Bosque.

-¿Pero que leyes del bosque ni que narices? Largaos bichajos con babas si no queréis que os cocine con caldo de almendras e hinojos. Al menos sacaré algo de dinero por vosotros.

-Huy… mira má, encima nos amenaza mah… ezo he delito, delito… -gritaba con voz de pueblerino cerrado uno de ellos.

-Cucha lo rápido que aprenden las babosas estas… -decía aún asombrada Susana mientras a su hija en brazos cogía.

Y la puerta de su habitación de par en par se abrió donde un viejo borracho, mal vestido, que olía a alcohol, fornicio y vómito, en su cama se rumbó mientras un trago a una botella de ron añejo le daba con su hocico peludo y grisáceo.

-¡¿Y ahora quien es usted?! –le gritó al viejo que se incorporó en la cama y miró a varios lados sin saber donde estaba.

-¡Que me quiten el dídimo y me vuelva a salir dentro de tres años! ¿Pero donde cojones me he metido? –dijo el viejo mirando con una sonrisa poco cortés a Susana, la cual quitó al ver a su hija, dándole un poco de vergüenza y diciendo un simple hola.

-Nosotros, Viejo del Bosque, hemos culpado a la Aplasta Caparazones y queremos que juzgada sea por las leyes del Bosque –dijo la Madre Caracol.

-Santo cielo Madre Caracol… ¿Y qué pasa con la ley de que el hombre nada de nosotros ha de saber? ¿Te la pasas por tu grandioso…? Deja lo último que decía, se me olvidaba que de eso no tenías… –dijo el viejo mientras se incorporaba.

-¿Alguien me puede explicar qué está pasando? Sigo sin entender nada. Y tú, viejo de la esquina, sí, el que pide café con anís cada mañana, ¿qué coño es eso de Viejo del Bosque? –dijo Susana acariciando a su pequeña, reconociendo al tipejo.

-Hostias, si tú eres la camarera que me pone el café cada mañana con esa mala hostia… -dijo el Viejo cayendo en quién era.

-Puesto que el borracho de mi hermano no está muy dispuesto a explicaros, lo haré yo –dijo otro hombre, algo más joven, pero con pinta de cuarentón, todo vestido de negro, de pronunciada barbilla y larga nariz como un pico de un pájaro, de ojos alargados y sonrisa enorme y tenebrosa, con pronunciadas arrugas que poblaban su rostro.

-¡Ambrosio! ¿Tú por aquí? –dijo el viejo arrascándose los oídos, sacando cera, asquerosa cera, que al soplar se convirtió en miles de pequeñas mariposas, hermosas todas ellas, y que la niña quiso atrapar con delicadeza. Pena que una vez cogía una en luz se convertía y desaparecía.

-¡NO ME LLAMES ASÍ MALDITO CHIVO! Yo soy… el Mago de… EL MAGO DE…

-No has encontrado ningún lugar para asentarte para ser el mago de ningún sitio. Así pues, eso es lo que eres: El Mago de Ningún Sitio mi joven y malpensado hermano.

-No me embrolles. La cuestión es que esta niña –y tocó la nariz de la pequeña asustada con sus largos dedos de sus largas y blancas manos-, ha matado esta misma mañana al pobre hijo de esta inocente familia, humildes habitantes desde hace siglos de nuestro bosque –y señaló ahora a los caracoles.

-Eso, eso –dijo el Padre caracol-… si bien los hechos fueron esta misma tarde.

-Como sea, que importa eso. Los humanos últimamente se exceden en sus dominios y pronto romperán su pacto ya olvidado mi hermano. Y siguiendo las normas de aquellos acuerdos de hace siglos… Si un animal del bosque quiere que un humano sea juzgado, así debe ser. Y así se comprueba cuando en esta casa has aparecido. Lo que significa, que la Aplasta Caparazones, podría ser ejecutada en el Gran Árbol.

Y la verdad, el Mago de Ningún Sitió razón tenía, mucha razón, y por eso el Mago del Bosque, que de Juez debía ejercer y sentenciar a la pequeña, pidió a Susana que buscara un buen abogado para estos asuntos mágicos, que tuviera contactos con el mundo del bosque. Porque si así no lo hacía, sería sus demandantes quien eligieran a su abogado, y bien preparados tenían a un asqueroso sapo que ni del Bosque Mágico pertenecía, que ayudado por el Mago de Ningún sitio estaba.

Así comenzaba aquella larga semana.



2.



Esa misma mañana en muchos periódicos miraron los anuncios de abogados, la mayoría de seguro de un prestigio asqueroso. A visitar a algunos fueron, pero siempre que les nombraba seres mágicos, magos y caracoles parlantes, raro era que no trataran a Susana de loca o una verdadera tocapelotas. Y desesperada estaba, pues a ningún abogado que pudiera ayudarlas encontraba.

-¡Eh! ¡Mis dueñas! ¡Yo sé donde un abogado de asuntos mágicos podréis encontrar! –decía a gritos una criatura en una habitación que para invitados era.

Se trataba de Punki, Punki el hamster, o simplemente para Susana: La Rata.

-¡¿Pero la Rata también habla?!

-¡Mama! ¡Que es Punki! Y es un hamster…

-Amor, un hamster y una rata en lo único que se diferencia es en el tamaño de su rabo –dijo teniendo algún pensamiento impuro.

-Y en la cabeza, y el peso, y…

-Vale, vale, cariño… haber Rata… digo Punki ¿Cómo es que hablas y qué es eso del abogado?

-Sí, sí… que ya sé el amor que me tienes SE-ÑO-RA –con lo que odiaba Susana que la llamaran así-. Si yo hablara… ¡OYE! Si puedo hablar…

-Habla y te corto las pelotillas que tienes –le dijo Susana muy macarra al hamster parlante.

-Pues que sepáis que una chica muy hermosa me parecéis a pesar de ese rencor y odio que parecéis tener. Pero a lo que voy. Debo hablar desde que tu piso en lugar mágico se ha vuelto. Pero lo más importante: resulta que el papel que me habéis puesto esta semana para mis caquitas tenía un anuncio de un abogado…

Susana sin dejar que Punki terminase, quitó la jaula y con algo de asco el papel cogió, viendo con sorpresa que un anuncio de abogado había:

“Si problemas tiene usted, con hipotecas, abandonar casas o Bosques Mágicos en su haber… valla a la campiña de los prados verdes y en la cabaña toque tres veces diciendo: Abogado ven o de las orejas te tiraré”.

-Es ridículo –dijo Susana.

Sí, ridículo. La verdad es que razón no le faltaba, pero nada perdía si lo intentaba. Así, con su hija y su rata, perdonen, hamster, fueron a la campiña de prados verdes donde una cabaña roñosa de madera medio derruida se encontraba. Subieron al porche y tres veces a la puerta tocaron aún con el peligro que la cabaña sobre sus cabezas cayera, y por último gritaron madre e hija al unísono: “Abogado ven o de las orejas te tiraré”. Pero nadie apareció, pese a que varias veces el ritual repitieron sin éxito alguno.


Así marcharon para casa, si bien Susana al trabajo debía ir por desgracia. Allá, en una pequeña cafetería, donde muchos la conocían por su lengua bífida y su malhumorado comportamiento, aunque en realidad fuera un amor. Y entonces un tiparraco sudoroso, poco aseado y con barba de de una semana apareció con una maleta, vestido de traje... traje muy usado, y por su nombre la llamó.

-¡¿Quién demonios eres?! –dijo Susana cortés, lo más cortés que era ella en su trabajo, oseasé con cierta mala hostia.

-Pues a mi no me preguntes, que has sido tu la que no parabas de llamarme mientras en el baño estaba. Joder, ni cagar a gusto dejan a un pobre abogado… aunque lo tuyo es por asuntos mágicos.

O sí, aquél era el hombre, digo el abogado… un tipo tan galante como una botella de butano.

-Y ahora deja el trabajo, porque cuando se está en juicios de Bosques, no puedes trabajar.

-Ya, díselo a mi jefa…

-Nada he de decirle a esa vieja –dijo el abogado con algo de asco al verla-, porque como he dicho un juicio mágico y de bosques es, y las reglas son las reglas.

Aquel abogado a Susana explicó que aunque realmente no fuera al trabajo, mágicamente sí que estaría ella y su hija en sus respectivas vidas monótonas… pero que no se lo tomara como vacaciones, pues una vez acabado todo los recuerdos de lo ocurrido y cúmulo de cansancio les llegaría. Pero la verdad es que Susana como unas extrañas vacaciones se lo tomó. Y así, cuando a su apartamento llegaron, todo le contó.

-Joder con Ambrosio, así que eso es lo que quiere. Pues metiendo el su larga nariz sin duda no será nada fácil. Lo cierto es que esto no suele ocurrir, mis juicios son más bien protegiendo a animales del Bosque sean mágicos o no… pero si quiere meteros en todo esto, lo que planea no es nada bueno. Suerte habéis tenido que vuestra rata encontrara mi anuncio –la niña le rectificó diciéndole que era un hamster-, pero antes necesito un detective, alguien que me ayude a reunir pistas. Sé que puedo contar con la ayuda del Policía del Bosque… pero me limitará el meter las narices…

>> Decidme ¿Tenéis algún can?

-¿Qué es can? –preguntó María.

-Un perro cariño –le dijo su madre.

-Sí, si que tenemos, Dudi cuenta ¿no mamá?

-Sí, Dudi es nuestro perro, pero mágico no es... precisamente.

Y tenía mucha razón, Dudi era un gran perro, muy bueno, muy cariñoso, muy torpe e incluso holgazán si me apuráis. Y si tenía un hobby, ese era lamerse la entrepierna con ahínco y esmero.

-No importa, en cuanto firme el contrato que le ponga ante su hocico lo será. Y al ser un leal can a sus dueñas de seguro que un buen trabajo hará. Mañana el juicio comenzará y cosas he de preparar. Así que por eso mismo, mi amiga, la vieja Madame Araña algunas preguntas os hará.

-¡ARAÑAS! ¡¿Dónde?! –gritó Susana, porque cierto era que pavor a esas criaturas tenía.

Y la araña apareció, y que me parta un rayo si la pobre Susana ganas de aplastarla con su zapatilla no le dio, estando acongojada la pobre vieja Madame araña. Las preguntas extrañas eran, hablando de seres mágicos, pactos y cosas que lo único que provocó es que Susana y su hija dormidas se quedaran. Y con cariño, la vieja Madame Araña las tapó con una mantita y se marchó para entregar lo recopilado a su jefe el abogado.


3.



-Y muchos años han pasado ya, olvidando la raza de los hombres los antiguos pactos con los bosques y los seres mágicos que allí habitan, no conociendo nada de esto. Y aunque ya sé que su desconocimiento no implica su perdón, si lo implica que no fue un homicidio voluntario, tratándose de un fatídico accidente para la familia caracol –dijo el abogado con voz imponente, sacando pecho... y barriga, atusándose su corbata de colorines mal arreglada y algo andrajosa, dando de vez en cuando tirones del pantalón por la entrepierna.

Y allí, en el salón del apartamento de Susana una sala procesal se montó mágicamente, con el Mago del Bosque como juez, las dos partes del caso y el público formado en su mayoría por animales. "¡Esto es ridículo!" gritaba Susana mientras su hija encantada estaba con Dudi, su perro, ahora parlante y detective de la parte defensora.

Después de largas introducciones sobre qué acusaban a la pobre María: Aplastar al pobre Hijo Caracol de Madre Caracol con malas intenciones; la noche cayó y la sesión terminó, dejando de nuevo vació el saloncito –que mágicamente se volvía enorme- y ablando con Susana el abogado estaba.


-¿Entonces? –preguntaba la madre.

-Pues la verdad, no me gusta nada. Piensan seguir con esta ridiculez, así que intentarán demostrar las malas intenciones de tu hija para matar al pobre caracol. Además, sólo ha hablado Ambrosio y nada el sapo ha dicho –dijo mirando a la niña de reojo que seguía jugando y hablando con Dudi.

-Pero mi hija no lo hizo a posta, no lo vio y...

-No me repitas a mí las cosas. ¡Dudi! –el perro fiel se presentó llevando en su lomo a María-. Necesitamos testigos, testigos veraces que digan que lo que pasó al joven Hijo Caracol fue un accidente.

-Lo haré Señor, todo sea por mis amas –dijo el perro con voz noble sacando de repente la lengua sintiendo como su pequeña dueña le rascaba bajo la barbilla.

-Mira que encanto, lo noble y serio que parece y en segundos es un perro buenazo con cara bobalicón –dijo con ternura Susana pero provocando que el perro se sonrojase.

-Pero Dudi, ahí no acaba la cosa, esto pinta muy mal.

-Entiendo ¿Qué hacía Hijo Caracol fuera de los lindes del Bosque Mágico?

-Exacto, más siendo un ciudadano modelo en el Bosque. Ve al Bosque Mágico y reúnete con Pork, es un cerdo de granja que vive en el Bosque durante milenios, fue detective antes que tú, abogado antes que yo y jefe de la policía...

-Si es que los cerdos abundan en los altos cargos –dejó la puya Susana tomándose un sorbo de algún refresco.

-Sí, sí... pero como en todo: hay cerdos, y “cerdos”. Bueno, que él te ayudará si le dices que el Mago de Ningún Sitio tiene las narices metidas. Ese viejo puerco tiene un gran sentido de la justicia y de seguro que sabe lo que planea.

-Así lo haré –dijo el can que se despidió de sus dueñas y marchó a los bosques. Aunque sin darse cuenta, Punki el Hamster se escapó subido a lomos de Dudi y ya nunca más a sus dueñas vería.

-Por mi parte –dijo el abogado comenzando a marchar-, sólo pido paciencia. Ellos estaban preparados, al final tienen como abogado al mismísimo Ambrosio el envidioso de Ningún Sitio y todo bien planeado.

-¿Quieres decir que vas a dejar que digan cualquier barbaridad sobre mi pequeña? –dijo algo exaltada apretando la lata de aquel refresco que tomaba.

-Por desgracia, clienta mía, sólo podemos defendernos por el mismo tono y como mucho escudarnos en que es una niña. Las normas y reglas mágicas no son iguales que las nuestras.

-Pero huelen a mierda y estercolero igual.

-No, la verdad, ese soy yo, que no me he duchado aún –dijo rojo como un tomate el abogado.


Durante dos días más las cosas no cambiaron. El Mago de Ningún Sitio traía animales mágicos que conocían a Hijo Caracol y hablaban maravillas de él para terminar soltando puyas y casi insultando a la pequeña María, cosa que desquiciaba a Susana y que provocó que el abogado pidiera al juez que pararan dichas acusaciones aleatorias.

-No son testigos presenciales y ninguno traído al estrado vio a Hijo Caracol las últimas horas antes de su muerte, siendo un mero aliciente para crear odios hacia mi pequeña protegida, que a fin de cuentas no deja de ser una niña.

-Tienes razón –dijo el viejo Mago del Bosque tomando a escondidas un sorbo de coñac de una botella mohosa, si bien todos sabían lo que hacía-. Ambrosio, suspendemos la vista hasta mañana y espero que esta vez sean testigos materiales o tomaré en cuenta lo que has estado haciendo hasta el momento –el Mago de Ningún Sitio, de mala gana, asintió.


Esa noche una visita especial recibieron, se trataba de Pork, un cerdo rosado con varios kilos, pero si no fuera por su voz Susana no hubiera dicho que tuviera tantos años.

-Por desgracia mi memoria no es la que era, pero debe estar relacionado con una cláusula del Pacto que a su vez está ligada con las Normas de los Bosques –dijo con voz ronca chupando un pitillo recién encendido y removiendo un poco de café con sus pezuñas-. Creo que a ti te será más sencillo llegar a esos documentos...

-Vaya, más trabajo... que se le va hacer –dijo desilusionado el abogado.

-Fíjate cariño –dijo Susana a su hija entre sus brazos-, hoy podemos decir que teníamos la mesa LLENA de chorizos, salchichones, longanizas, morcillas, paletilla, jamón...

-¡SANTO VENDITO! ¡Tienes a una psicópata como clienta! –gritó asustado y a la vez enfurecido el cerdo parlante.

-Pork, pareces que se te olvida que eres un manjar para nosotros...

-No sé ni por qué te ayudo... Por mi parte ayudaré a vuestro chucho a encontrar contactos. Hijo Caracol no estaba tan limpio como parecía.

-¿A qué te refieres?

-En este último año cosas extrañas han sucedido. La policía del Bosque tuvo a la familia Caracol enfilada. Extraoficialmente puedo deciros que era Hijo el sospechoso. Pero que el propio Hijo Caracol fuera el sospechoso era ya de por sí sospechoso, así que estaba ayudando a averiguar algo más. Que cosas más extrañas que muriera... o simple mala suerte.

-¿Puedo saber qué asuntos?

-Han ido apareciendo cadáveres humanos en nuestros bosques. Un humano perdido suele ser normal, pero tantos... encima, la mayoría tenían grandes heridas por trasgos. Recuerda que la zona de los trasgos y monstruos esta vedada mágicamente... que escape un trasgo puede ocurrir... pero que entre tanto humano... no sé, el Mago del Bosque venía más a menudo por estos lares por si averiguaba algo.

-¿Un caracol secuestrando humanos? ¿Y ese viejo...? Sólo se pasa para comprar su alcohol y tomar su café con anís de cada mañana cargado de azúcar. –rió Susana a carcajadas.

-Estúpida humana, el problema no era el secuestro, sino la ocultación de pruebas que las babas de caracol pueden producir. Como tu abogado, tenemos a otros humanos que conocen de nuestra existencia en diferentes áreas, entre ellas la policía, pero nada había que sirviera.

-Y por desgracia, ser humano que muere del bosque, ser humano que debe quedarse allí y ser abono de su tierra –dijo el abogado serio-. Me parece que este asunto apesta más de lo que yo pensaba.

-Como un estercolero, ya te lo dije, como un estercolero –levantó los hombros Susana.


4.



Varios días pasaron y por fin Ambrosio llevó al que parecía un testigo presencial. Era un zorro de cabellos plateados y lívida lengua que parecía portarle de elegancia, sutileza y destreza. Susana lo odiaba, odiaba esa forma de comunicarse con el resto como si él fuera mucho más que el resto. Odiaba a burócratas y políticos, y ese zorro no era mucho menos.

-Me fui al reino humano porque ya había consumido el número de animales mágicos semanales que se me permiten, y a que nada hay en contra de ir a por pollos de corral de los humanos, allí me fui. Me topé con Hijo Caracol, pero no le hice mucho caso, tenía prisa. Al poco tiempo escuché los gritos de una niña endiablada: “¡Te Mataré! ¡Te mataré maldito caracol!” decía a viva voz pisando fuerte en el suelo... hasta qué... –la familia Caracol se pusieron a llorar a gritos.

-¿Y esa niña... podría señalarla si se encuentra aquí? –dijo Ambrosio sereno viendo como el zorro señalaba a la pequeña María.

-¡ZORRO DE MIERDA! –gritaba Susana-. Mientes más que hablas estropajo con patas, hijo de zorra... Mi hija nunca dijo eso. Como te coja haré una bonita bufanda con tu piel para que lo lleven esos ricos empalagosos a los que tanto me recuerdas.

De golpe Susana calló, dándose cuenta que una cremallera cerró su boca, y asustada, luego disgustada e inconforme, se acomodó en su lugar echando miradas asesinas al zorro plateado que tragó saliva.

-No podemos permitirnos esos ataques de ira cada dos por tres. Espero que no me sirvas en el próximo café con anís que te pida aguarrás –dijo el Mago del Bosque dejando preguntar al abogado defensor.

-¿A que hora ocurrió lo que dice?

-Justamente fue la tarde del lunes Sr. Abogado, entre las 5 y las 6 de la tarde –dijo el zorro.

-Nada más que decir tengo, si bien me gustaría que siguiera presentándose en este juicio hasta que se dicte sentencia.

-Eso haré... –dijo con la cabeza erguida.

Mientras se disponía a dejar el asiento de los testigos el abogado se puso a conversar con la Madame Araña.

-Busca a Dudi y a ver si ha conseguido un testigo bueno. Puesto que no habrá seres mágicos me gustaría que le ayudaras a conversar con las briznas de hierba e incluso las rocas. Por otro lado, quiero que esta noche vigile a Plateado y averigüe cuantos pollos de corral cazó... o si hizo algo más en ese día –y así lo hizo.

Plateado era un zorro con cierta reputación entre sus vecinos. Casado con una hermosa zorra roja y siendo padre de 5 zorros maleducados, vivía en sus excesos y excentricidades. Era raro el mes que no hacía una fiesta con grandes comilonas, y pronto tenía planeado hacer otra de esas fiestas pomposas con música “guateque”, ponches y mil comidas. Aunque esas fiestas tenían su razón de ser.
En el día siguiente a su participación en el juicio no había tal, así que decidió dar vueltas por el Bosque Mágico propagando sobre su próxima fiesta e invitando a gente sin dejar de llevar la cabeza en alto y utilizar su labia de burócrata. Hasta que vio a Pork.

-Hola amigo cerdo ¿Que tal la Dama de la Inmortalidad? Menuda suerte tuviste en casarte con esa preciosidad, incluso teniendo forma humana sería capaz de beneficiarme... –el zorro astuto calló si no quería provocar a Pork, aunque era cierto que su esposa la dama más bella de todos los bosques era-. Bueno, dejémonos de chácharas ¿Por qué no vienes a mi fiesta? Será en unos días, e incluso podremos celebrar el castigo a la Aplasta Caparazones.

-Muchas gracias por adular a mi esposa e invitarme, pero no quiero ser aún uno de tus manjares –Plateado se le quedó mirando fríamente, con astucia-. Que casualidad que casi todos los animales mágicos por ti cazados hayan ido a tus fiestas. Los pones cebados con tus manjares ¿Verdad?

-Sólo hago que tengan su “última cena” señor –dijo con su sonrisa malévola agitando su pomposo rabo con delicadeza.

-Me pregunto cuánto de bueno será ir a la fiesta de un mentiroso y un pagado –Plateado parado se quedó-. Al parecer es cierto que la tarde del lunes saliste del Bosque, hay otros testigos que podrían confirmarlos, pero para nada pasaste por el camino donde Hijo Caracol fue aplastado. Es más, cazaste ocho pollos de corral. Según ley no se puede cazar más de tres al día, con sus excepciones, claro está.

-Sí pasé por el camino... y lo de los pollos... bueno, tal vez me equivocara –decía muy convencido con su labia sutil acercándose al viejo cerdo.

-Claro, saliendo por el lado norte del Bosque... ¿Qué demonios hacías de repente en ese camino que se encuentra a varios kilómetros al sur? No te enteras que te estoy presionando maldito zorro.

>> Esos pollos no los trajiste al Bosque, eran para tus cachorros fuera del él y tu amante –Plateado comenzaba a tener sudores fríos-. Me da igual que te creas un ligón nato entre tu especie y tengas a mil mujeres babeando por tu culo de color plata, pero tu mujer se pondrá hecha una fiera cuando se entere, más siendo nieta de trasgos. Sé listo, di la verdad al juez, sólo la verdad –dijo Pork dejando al zorro con temblores y sudores. Pena que se olvidara comentarle que a Dudi se le pasó el detalle y contó a la zorra amante de Plateado sobre su vida en el Bosque Mágico.

Al día siguiente el Mago del Bosque declaró nula la declaración de Plateado y Ambrosio, el Mago de Ningún Sitio, se cabreó y se tiró de lo cuatro pelos que tenía. Sobre plateado nada más se supo de él, pues su esposa se enteró de sus otros ligues fuera del bosque. Algunos dicen que su esposa lo mató y se lo comió –algo digno para un ser con sangre trasgo-, pero otros están seguros que del miedo, el zorro plateado se volvió blanco y huyó a las tierras de los hombres por siempre jamás como albino.

-Me alegro de que ese viejo se diera cuenta de las sandeces que dijo ese zorro –dijo Susana al final de la nueva vista, aún teniendo sabor del metal de la cremallera en sus labios.

-Bueno, todo gracias al buen olfato de vuestro detective y a mi amigo el cerdo del Bosque –dijo riendo tomando una copa de agua el abogado-. Mañana será el última día y si no solucionamos esto pronto en un lío nos meteremos –tornó a serio-. Necesito de tu presencia Susana.

-¿Y eso? ¿No serás que quieres una cita conmigo?

-Eso otro día mi buena clienta. Resulta que donde está los escritos que pueden aclarar ciertas cosas no puedo entrar sin ningún adulto. Puesto que ya conocéis del Bosque creo que contigo podré ir sin problemas.


Así marcharon a la biblioteca de la ciudad, en un pasillo angosto, rodeados de libros en estantes y en el suelo, al final, en la pared, una puerta había que de un armario pertenecía. Susana incrédula se preguntaba si no era un engaño para que ese abogado la secuestrara y le hiciera cosas morbosas, pudorosas y excitantes, y casi cree acertar al recibir un empujón hacia el armario, pero no, la verdad es que era una puerta mágica camuflada como armario, dejando ver una infinita sala llena de papeles.

-Te veo como decepcionada...

-¿Sabes lo que es el sexo amigo? –dijo irónica-. ¿Por donde empiezas?

-Yo sé lo que buscáis –dijo una anciana andrajosa llena de arrugas hasta en las pupilas de los ojos, sentada en un taburetito de madera con un cubo de fregona ante ella donde metió la mano.

-¡Que asco! Espero que no haya limpiado recientemente el vómito de un intelectual perdido entre estos libros y papelajos.

-Es un cubo mágico, a través del cual puede entregarnos los documentos que necesitamos al instante –dijo cogiendo un libraco enorme que la anciana le entregó-. Ahora echemos un ojo.

Mucho tardó en encontrar algo que le ayudara a entender cosas y cuando lo hizo decidió marchar de nuevo a casa, despertando a la pobre Susana que dormida y babeando sobre la mesa de lectura se quedó.
Y al llegar a casa se topó con una buena noticia: Dudi encontró un testigo presencial, si bien era decisión del Mago del Bosque darle voz. Así, se comunicó esa noche con Pork contándole sus averiguaciones varias y sospechas, pues al siguiente día toda la verdad se revelaría.


5.




Ante todos, en la silla de los testigos, un tallo de mala hierba en una bolsita con tierra se encontraba, mientras que la familia Caracol se reían por lo bajo y cuchicheaban con Ambrosio.

-Bueno, no perdemos nada –dijo el Mago del Bosque chasqueando sus dedos-. Bueno, Mala Hierba del camino donde Hijo Caracol fue aplastado, decidnos ¿Qué visteis?

-Pu-pu-pu-pues vi-vi-vi-vi que la ni-ni-niña piso sin querer a Hijo Caracol-col-col y muy mal lo pasó la pobre-bre-bre... –dijo la mala hierba a toda velocidad y tartamudeando.

-Que raro... ¿Le pasa algo? –se preguntó el Viejo Mago extrañado, pensando que tal vez se equivocó de hechizo.

-Huy, eso debe ser el café que le eché ayer –dijo Susana sonriendo, inocente ella (o aparentando inocencia)-. Es que me dijeron que unas gotas de café a las plantas les va fenomenal y...

-¿Y le echaste anís?

-Pues no, anís no.

-Dejando el asunto del café y el anís a un lado –saltó el abogado-, más importante me parece lo que tiene que decir sobre cómo llegó Hijo Caracol allí.

-Sí-sí-sí-sí... el tiempo se paró, era muy bonito-to-to-to y un hombre bajo el pie de la niña-ña-ña a Hijo Caracol puso –la familia Caracol no pudo contener las lágrimas y comenzaron a llorar al unísono.

-Tonterías –saltó Ambrosio-. ¿Cómo saber que esa mala hierba no está comprada?

-Pues porque no es mágica y nada de magia la ha tocado hasta que yo se la he insuflado –dijo su hermano el Mago del Bosque-. Creo que tengo suficiente para dictar una sentencia.

-Señoría, si me lo permitís, tengo unas últimas palabras que podrían a la vez dar solución al caso y que la familia Caracol y Madre Caracol vuelvan a casa con su justicia buscada.

-Adelante, adelante –dio permiso al abogado.

-Extraño me era este caso, pero luego de averiguar la verdad y tener la última pieza dada por Mala Hierba, todo encajaba. Hijo Caracol no estaba tan limpio como creíamos pues metido de lleno en las apariciones de los cadáveres de humanos con heridas de trasgos en el Bosque Mágico estaba. Su papel era usar su baba para borrar ciertas pistas, si bien es posible que lo hiciera por el bien de su familia, por lo que de ser así limpiaríamos su buen nombre.

>>Nos preguntábamos si todo estaba conectado, y es posible que sí. Viejo Mago, vos debéis recordar que si un humano del Bosque Mágico escapa sabiendo de él y lo cuenta a 52 personas, el gran OGRO podría despertar. Pero otras formas había, como en el que una niña juzgada y ejecutada en el Bosque Mágico fuera, dándosela de comer al padre de Gran Árbol.

-La verdad, es que esos hombres fueron secuestrados y llevados a la Zona Trasgo para que así vieran una criatura mágica de seguro. Por si fuera poco, si escapaba traerían a sus ejércitos para combatir a criaturas que el hombre teme por naturaleza tanto como nosotros, pero sin comprender que su existencia es tan necesaria como el de una mosca para depositar sus huevas en la mierda –dijo Pork, el cerdo, que entró por sorpresa-. Entrar en guerra con los humanos es otra norma...

-Si el Ogro despierta los límites mágicos podrían extenderse por todo el mundo y los humanos perderían su hegemonía pactada ¿no? –dijo Dudi apareciendo junto a sus dueñas.

-Si esos límites aumentaban, el Mago de Ningún Sitio podría ser el Mago de Algún Sitio –dijo el abogado mirando a Ambrosio que sudaba sin parar, nervioso, tembloroso-. Así pues, viendo que el llevar humanos a la zona de trasgos y monstruos no acababa de salir bien y temiendo que Hijo Caracol al final hablara, decidió un nuevo plan que le llevara a su mismo final. El hecho de que el tiempo se parara justo antes de que María la Aplasta Caparazones, mi defendida, pisara a Hijo Caracol después de ser metódicamente puesto allí, es un claro significado que de un mago se trataba el auténtico culpable... y el Viejo sabemos que está donde se encuentre el alcohol y el fornicio.

-Sólo son hipótesis, conjeturas, NO VALE, NO TIENEN NADA.

-Por dios hermano, que soy MAGO –dijo el viejo que bajó a la altura del Mago de Ningún Sitió y le torteó la cara mientras recitaba: Dí la verdad y sólo la verdad o el Ogro te comerá.

El Mago de Ningún Sitio repitió una y otra vez que la verdad decía, todo nervioso, jadeante, exhausto... Y entonces del tejado unos rugidos tenebrosos salieron, unido a un extraño agujero negro y multitud de temblores que parecía que la casa se caía encima de ellos. Del agujero salía un frío invernal aterrador. Los animales mágicos del Bosque se apartaron temblorosos, asustados; y Susana cogió a su pequeña y se puso contra una esquina de la habitación mientras veía como una terrible criatura verdosa de largos cabellos, un cuerno enorme, mandíbula pronunciada, orejas picudas y colmillos que sobresalían de su gran boca, tintineando dos pupilas rojas que miraban fijamente a Ambrosio que literalmente se meó de miedo.

-Mentí, mentí, fui YO. NO ME COMAS –suplicaba de rodillas Ambrosio, pero por desgracia ya nada más se podía hacer.

El Ogro de los Bosques, padre del Gran Árbol, de dos bocados se comió al Mago de Ningún Sitio y nada más se supo de él, desapareciendo la angosta criatura que sembraba el terror por el mismo sitio donde apareció. El caso había quedado cerrado.



-Los seres humanos provenimos de los antiguos Ogros, creadores y protectores de los bosques, pero su naturaleza malvada hizo que muchos acabaran suicidándose o encerrándose en sus bosques para no causar un gran mal. Si hubiera salido Orgathur el Ogro de el Gran Árbol, la sociedad que conoces ahora no existiría –dijo el abogado recostado en un sillón del piso de Susana-. Pero bueno. Lo que importa es que tu hija ha quedado libre de culpa y habéis recibido las disculpas de Madre Caracol y la familia. El resto de este asunto es cosa del Bosque Mágico.

-¡Que bien! Dudi perderá su capacidad de hablar ¿verdad? –el abogado respondió afirmativamente-. Que lástima, pero todo volverá a su normalidad. Lo que se ha liado por un caracol.

-Bueno, mi trabajo contigo ha acabado. No necesitas pagarme, por desgracia trabajo gratis, este es mi castigo por maltratar a animalillos cuando era un crío. Debo ayudar a 20000 personas o seres mágicos antes de ser libre, y todos sobre asuntos mágicos... y aún me queda mucho a pesar de que he vivido 300 años.

-¿Trescientos? ¡Venga ya!

-Sí Susana. Y no te creas que lo ocurrido con tu hija fue una casualidad, pues te conozco. Provienes de familia de brujos y brujas aunque hayas perdido la capacidad de las grandes magias y pociones ocultistas, pero es por eso mismo que todo esto, aunque te haya extrañado, has disfrutado y no te ha sido un trauma. Conforme pasen los años tú y tu hija iréis olvidando. Pero bueno, si algo más con asuntos mágicos ocurriera sólo debéis buscarme –dijo el abogado que antes de irse le propinó un beso en la mejilla.


La vida de Susana y su hija María volvía a su monotonía, y poco a poco irían olvidando, pero eso es otra historia. Sobre el Hámster... bueno, como dije él se escapó con Dudi en su primera visita al Bosque y allí se quedó con una familia de hámster donde tuvo 20 hijos y centenares de nietos... algo de lo que se arrepentiría hasta su muerte –excepto de conocer a su esposa-.

-¡Mamá! ¡Has pisado una cucaracha! –dijo María algo asustada no pasando ni tres semanas de lo ocurrido.

-Ainss... no pasa nada hija mía, si de estas hay muchas... y no creo que sean del Bosque Mágico –dijo Susana entre risas mirando al pobre bichejo aplastado.

-¡Aplasta Cucarachas! ¡Aplasta Cucarachas! –gritaron un centenar de cucarachas que aparecieron ante ellas...

-Pues no, no son del Bosque, son de la Alcantarilla Mágica... Tseaaaajjjj.... ¡¡Malditos bichos mágicos!!



FIN

Dedicado a una nacida de una bruja.



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